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La economía mundial está
creciendo a un ritmo del 4%, India
lleva años liberalizando su economía y creciendo
aceleradamente al 7% anual, lo mismo que China, que en los
últimos 25 años ha crecido a una tasa histórica
del 9%. Estados
Unidos también crece a un ritmo notable del 4,4%. La
economía europea, sin embargo, apenas llega a crecer un 1,5%. Lo
que explica estas disparidades es la medida en que el Estado coarta la
función empresarial de los individuos, su capacidad para
advertir y aprovechar oportunidades de ganancia en el mercado y
prosperar. Los Estados del Bienestar europeos gestionan la mitad de la
riqueza nacional (además de regular la otra media), lo que
equivale a decir que los europeos son esclavos a tiempo parcial que
trabajan la mitad del año para la administración
pública.

El gasto estatal en relación con el
PIB es del 48,2% en
la Unión Europea, casi 10 puntos por encima de la media de
la OCDE y 15 puntos por encima del gasto público de Estados
Unidos, que es del 35,6%. A este respecto vale la pena comparar
la evolución de los indicadores europeos (Francia, Alemania
e Italia como referencia) con los indicadores de Estados Unidos,
sociedad que cabe considerar ligeramente menos intervenida.
La falta de empuje de las economías de
países como Alemania, Francia o el Reino Unido dentro de la
Unión Europea introduce un interesante debate sobre qué
modelos son los más ventajosos en términos de bienestar
social y prosperidad.Uno de los candidatos que aparece con fuerza y
recurrencia es el grupo de los países escandinavos. Esta es la
posición de Bruegel, una comisión de expertos impulsada a
iniciativa del gobierno francés y alemán con un amplio
respaldo corporativo y de la UE. El pasado mes de octubre publicaron un
estudio con el título “Globalisation and the Reform of
European Social Models” [pdf]
postulando las ventajas del modelo nórdico.
Sin embargo no todas las opiniones concurren
en la misma dirección. Algunas voces son muy críticas con
el mito de la eficiencia de los modelos escandinavos. Y para
demostrarlo se recurre al caso de Irlanda. Los cuatro gráficos
adjuntos comparan, según datos de la OCDE, la evolución
en los últimos 22 años de cuatro indicadores: la
creación de empleo, el ranking de prosperidad OCDE
(PIB/habitante), niveles de productividad tomando como media el
conjunto de la OCDE y por último la productividad por hora
trabajada. Pueden encontrarse en The
Myth of the Scandinavian Model.
Los espectaculares resultados de Irlanda
vienen a demostrar que incluso un país pequeño con un
retraso relativo importante puede despegar hacia la cima más
alta de prosperidad, en un marco de globalización y en un
contexto institucional donde la UE en su conjunto unos objetivos de
política monetaria globales.
Los
impuestos
Algunos
quieren ver en el éxito del modelo irlandés la sustancial
reducción de la tasa de impuestos que pasó en los
últimos años del 53% al actual 35%. Esta reducción
impositiva coincide con el logro de una tasa media de crecimiento del
5,6% y un crecimiento del 50% en los empleos que en los
últimos18 años ha permitido a Irlanda saltar desde la
22ª a la 4ª posición en el ranking de prosperidad de
la OCDE. Incluso se va más allá al subrayar los
hipotéticos efectos de una política fiscal que pone menos
énfasis en las rentas del trabajo y los beneficios que en el
consumo. Este equilibrio entre impuestos directos e indirectos
motivaría a trabajadores y empresarios a incrementar la
producción del sistema (1).

Lo cierto es que Europa es próspera a pesar de los Estados del
Bienestar, no gracias a ellos. El magnificado modelo escandinavo va quedándose
obsoleto mientras Irlanda, el país menos intervenido de
Europa, les supera por el flanco. Suecia era en 1970 la quinta
nación más próspera de la OCDE e Irlanda ocupaba
la posición 22. En 2003 Irlanda pasó a ocupar el cuarto
puesto y Suecia el 14. Con un gasto público similar al de
Estados Unidos, Irlanda ha experimentado un desarrollo espectacular
estas dos últimas décadas, mientras Dinamarca, Suecia y
Finlandia se sumían en un período de profundo
estancamiento. Suecia y Finlandia no han creado empleo en 20
años y, junto con Italia, los países escandinavos son los
que han registrado los peores resultados económicos de Europa.
El modelo
europeo del paro
El número de desempleados supera ya los
5,2 millones de personas, el 12,5% de la población activa. Nunca
tantos alemanes han estado sin empleo desde el final de la Segunda
Guerra Mundial. Alemania ha tenido la peor tasa de crecimiento de
Europa por casi una década, y las previsiones para este
año rondan el punto porcentual. Hubo algo llamado “milagro
económico alemán”. El país estaba arruinado por la
economía de guerra y el socialismo.
Hoy,
cuando oímos hablar de la economía alemana no son los
éxitos lo que se destaca en su descripción, sino sus
fracasos. El número de desempleados supera ya los 5,2 millones
de personas, el 12,5% de la población activa. Nunca tantos
alemanes han estado sin empleo desde el final de la Segunda Guerra
Mundial. Alemania ha tenido la peor tasa de crecimiento de Europa por
casi una década, y las previsiones para este año rondan
el punto porcentual. El resto de Europa no tiene mucho de qué
presumir. Francia alcanza ya el 10% de paro, con 2,72 millones de
franceses sin poder hacer aportaciones a la riqueza por medio de su
trabajo. Estos datos son la cara de la expresión “justicia
social”.
Francia y Alemania representan como pocos
el “modelo europeo”, que es como se llama con no oculta voluntad
totalitaria al socialismo que prevalece en nuestro continente, frente
al liberalismo que subsiste en los Estados Unidos. Se habla de modelo
europeo como si en Europa no hubiera habido otro o como si no se
pudiera cambiar. Como si los europeos no valiéramos para actuar
en libertad y necesitáramos del amparo, es decir del
estrangulamiento, del Estado. Esta totalitaria pretensión no
casa ni con la historia de esos dos países ni con la realidad de
hoy. Gran Bretaña mantiene el modelo conseguido por Margaret
Thatcher. No digamos Irlanda, que es uno de los países
más liberales del mundo, lo que le ha permitido superar en renta
per cápita a Francia o Alemania, cuando en el momento de entrar
España en la CEE era su miembro más pobre. Estonia es
aún más liberal y sus resultados son también
espectaculares.
El estudio Government
Size and Economic Growth http://www.house.gov/jec/growth/govtsize/govtsize.htm#endnot5
analiza, usando un método llamado "de la curva de Armey", a
qué nivel de gasto del gobierno la producción de los
países creció más rapidamente; las tasas a las que
los países crecieron más rápidamente son las
siguientes: 21.4% para el Canadá, 26.1% para
Dinamarca, 22.2% para Italia, 19.4% para Suecia, 21.0% para el Reino
Unido (ver Cuadro
3 ). El caso de Irlanda es contundente: En el
período 1995-2000 Irlanda ya había liberalizado
ampliamente su economía, pero además en dicho
período redujo el gasto del gobierno de aproximadamente un 44,5%
del PIB a 32,5% del PIB; pues durante dicho período la
producción creció a la alucinante tasa de 9,4% anual.
(ver Cuadro
4 y Cuadro
5). Del 2001 al 2003 Irlanda redujo las tasas máximas del
impuesto sobre la renta de las empresas de 20% a 12,5%, pero a pesar de
esas medidas beneficiosas, el crecimiento se dio a una tasa de 5,6%
anual.
El fracaso del estatismo
paternalista europeo
- El “modelo social” europeo está
impedido de poder enfrentar exitosamente el reto de la
globalización.
- El estatismo paternalista europeo tiene
a Europa con problemas gigantescos, entre otros una deuda
pública titánica, una población envejecida y que
continúa envejeciendo, 19 millones de desempleados, y una tasa
de desempleo juvenil de 18%.
- La enorme deuda pública es
superada sólo por los déficits de los sistemas de
pensiones tipo PAYG (Pay-As-You-Go), piramidales. El déficit
actuarial de estos sistemas en Europa es equivalente a 285% del PIB.
- La expansión monetaria y
consecuente inflación de precios de activos (asset inflation)
están acelerándose notablemente (como tiene que ocurrir
siempre, las leyes económicas no van a cambiar jamás).
Las tasas reales de interés del Euro han sido negativas desde
hace varios años. Esto ha provocado, como siempre suele ocurrir,
burbujas financieras en los mercados de capital y en los precios
inmobiliarios.
- Altísimos impuestos que
desincentivan la producción, el trabajo, el ahorro y la
inversión. En lugar de emular el éxito de Irlanda (que
luego de reducir consistentemente su carga tributaria desde fines de la
década de 1980, se ha convertido en la economía
más competitiva de todos los 25 países miembros, con un
desempleo menor de 4%, crecimiento anual promedio de más de 5%
durante los últimos 20 años), o de ciertos países
de Europa del Este como Estonia (que luego de tocar fondo con el
comunismo han decidido reducir el Estado, la carga fiscal y la
burocracia, entendiendo que son las personas y no el Estado las que
producen riqueza), se mantienen en su empeño de imponer el
proyecto de “armonización tributaria”, para evitar el tener que
hacerse competitivos como lo han hecho los mencionados países.
Vale la pena leer el artículo
completo.

Dublin Harbour
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Abstract: While the rest of the
world is booming, Europe lags behind. Europe's performance is
weak in
spite of high productivity and knowledge, high level of
development and good labour ethics. Growth is also remarkably
dissimular among regions. France, Germany and Italy are stagnating, and
so do Denmark,
Sweden and Finland. All gained less than 44%
prosperity over the last 20 years. The Irish
economy grew 4 times faster, gaining 169%
wealth over the same period. In half a generation Ireland so
metamorphosed into Europe's second
richest country creating jobs for all.
"
Big government " is the main cause of Europe's weak performance. The
oversized Public Sector lacks productivity and is undoing the entire
productivity gains of the Private Sector, eradicating all of its
outstanding performance and productiveness. Europe could improve its
overall performance by copying the Irish success formulas: Scaling down
Public Spending, downsizing bureaucracy, and shifting the tax burden
from income on consumption. This book demonstrates why the Lisbon
Agenda and decades of Keynesian inflationist demand stimulation have
failed. It devellops an alternative and workable supply-side strategy
as well as effective cures for a humane and financially sustainable
development.
This book reads
as a step-by-step manual for economic recovery.
It is a data-reference for students and politicians interested in
growth, wellfare and in social modelling. It is a
classic for economists concerned about Big
Government, poor public sector productivity and for parents
worrying about their declining standard of living and their
children's future.
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Find the Summary here
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Dr. Martin De Vlieghere
is economist and doctor of philosophy since 1993. His PhD was
written on the
conditions of modernity in the works of Habermas and Hayek. He has been
assistant professor at the Department of Philosophy of the University
of Ghent. He is president of the "Free Association for Civilization
Studies" and member of the board of directors of Nova Civitas.
Paul Vreymans is economitrist and advisor at the Free
Institute for Economic Research. As a businessman he was a close and priviliged witness of
Europe's industrial downfall and the rise of its bureaucratic society.
He is a founding
member of the
Brussels' think tank "WorkForAll".
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PART 1 - The Economics of Taxation
In a first part of this working
paper, we discuss the newest developments in
macro-economic theory and taxation policies. We have special attention
for theory relative to optimising tax receipts by Laffer (1985) and the
Barro-Armey theories (1990-1995) concerning optimising prosperity
growth and optinising income distribution. We compare the taxation
policies in
different social models, and have particular interest whether the
Scandinavian model is suited for maximizing growth and creating new
jobs.
PART 2 - The Causes of Growth
Differentials: Empirical Research
In the second part we search for the
causes of European growth
differentials by means of multiple regression. The main conclusion is
that two factors of the public policy mix cause weak growth
performances: excessive public spending and a demotivating tax
structure, on
the one hand, and over- consumption with a lack of savings and
investment on the other hand. We conclude that the public sector in
most European countries is far too large, depriving the private sector
of the recourses to realize its full wealth potential.
PART 3 - Ireland versus Belgium : A Case Study
In part three we make a case study
analysing the performances of two
countries with opposite public policies: Ireland's with low public
spending and a flat tax structure and Belgium with high levels of
public spending and a heavy direct tax burden. We analyse the effects
on growth, budget, public debt, job creation and social expenditure. We
conclude that only stimulation of the supply-side of the economy rescue
Europe's generous social system and provide sustainable recourses for
the challenges of its fast ageing population. This confirms the
overwhelming importance of production and investment as the prime
social objective.
Part 4 - Loosing
Overweight: A slimming Cure for Big Governments.
In part four, we look at possible
scenarios on how to reduce the public
spending as the most effective way to restore dynamism and growth. On
the basis of simulations we investigate the possibilities and
consequences of a budget-freeze in real terms. We analyse whether
pruning bureaucracy and the parasitical sector can free resources and
return our workforce to its real task of creating wealth, and
ultimately restore efficiency and competitivity of both private and
public sector.
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